Taller :  30 Principios de Vida

             

PRINCIPIO DE VIDA 1

Nuestra intimidad con Dios, que es su prioridad para nosotros, determina el impacto que causen nuestras vidas.

Una de nuestras mayores necesidades es saber que somos amados. Cada uno de nosotros debe tener la certeza, en lo más profundo de su corazón, de que alguien nos ama, de que alguien se preocupa por nosotros y desea lo mejor para nosotros.

Así nos hizo Dios. Él quiere que sepamos que nos ama a cada uno con una intensidad que excede a lo expresable con palabras.

Dios creó a los seres humanos teniendo en mente una relación, primero con Él, y luego con otros. Pero no podremos amar plenamente a los demás hasta que hayamos experimentado personalmente el amor de Dios. Experimentamos su amor cuando nos rendimos voluntariamente a su llamado de ser nuestro Salvador, Señor y Amigo.

DIOS CREÓ A LOS SERES HUMANOS TENIENDO EN MENTE UNA RELACIÓN, PRIMERO CON ÉL, Y LUEGO CON OTROS.

Hay, al menos, tres razones para que Dios procure nuestra entrega:

  • Él nos ama y desea nuestra comunión y adoración.

Mientras no le demos todo a Dios, no podremos conocerle plenamente ni experimentar del todo su amor. Cuando nos rendimos a Él, lo tenemos todo de Él.

  • Él quiere que nuestro servicio a Él sea eficaz y fructífero.

Cuanto más conozcamos y amemos a Jesús, más eficaz será nuestro servicio. Cuanto más nos acerquemos a Dios, más impacto tendrán nuestras vidas. Cuanto más alimentemos nuestra relación con el Señor, más importante y positiva será la huella que dejemos.

  • Él espera hasta tener la libertad para bendecirnos.

Dios es omnipotente, pero no violará sus propios principios. Nos acerca a Él para que podamos experimentar su amor y su perdón. El Señor nos pide nuestra entrega voluntaria para poder darnos sus mejores bendiciones.

Entonces, ¿por qué nos resistimos? Sabiendo todo esto, ¿por qué nos resistimos a rendirnos a Él?

El orgullo es la razón principal que les impide a las personas rendirse al Señor. Piensan que saben más que Dios y que pueden manejar sus vidas mejor que Él, por lo que le mantienen a una distancia prudencial.

Otros no se rinden porque tienen miedo de lo que Dios hará (o no) con ellos. Piensan que si le dan el control, Él les obligará a hacer justo aquello que los hará más desdichados.

Otros se niegan a rendirse a Cristo porque creen la mentira de Satanás, que les dice que Dios es condenatorio y que les castigará por sus errores.

¡Todo esto es completamente falso! Dios tiene siempre en mente lo mejor para nosotros. Nunca nos negará algo bueno si nos sometemos de buena gana a su voluntad

 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Ro 8.32). Él nos dice: «Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis» (Jer 29.11).

Lo único razonable es rendirse a Dios, porque cuando lo hacemos nos acercamos más a Él —su prioridad para nosotros— y empezamos a tener un impacto en este mundo.

PÍDALE A DIOS QUE LE ACERQUE UNA VEZ MÁS A ÉL.

Alcance su destino. Anne Graham Lotz le comentó en cierta ocasión a un entrevistador las muchas pruebas que había enfrentado en los últimos años, entre ellas las serias enfermedades de sus padres y la batalla de su hijo contra el cáncer. Al final ella llegó al punto donde lo único que anheló tener fue a Jesús. «Denme sólo a Jesús», declaró.

Anne había entendido que si tenía una relación personal, íntima, con el Salvador del universo, entonces todos los problemas que enfrentara los encararía Él con ella, y Dios traería una dulce determinación y paz a su corazón.

¿Es este el clamor de su corazón? ¿Quiere usted conocer al Salvador y vivir en la plenitud de su bendición cada día? Puede hacerlo. David escribió: «Los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien» (Sal 34.10).

Cuando usted aceptó a Jesús como su Salvador, el Señor no sólo le perdonó, sino que también le convirtió en una nueva criatura, ya no alejada de Dios, sino capaz de acercarse a Él.

Si usted se ha alejado de su devoción al Salvador y siente como si se apartara cada día más de su relación con el Señor, ore entonces para que Él le acerque una vez más. Dios conoce sus debilidades, y si usted le dice que asuma el control de su vida, Él vendrá a usted con poder trayendo luz y esperanza a su situación, no importa lo oscura y desesperada que parezca. Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.

Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. (Is 55.6, 7). 

 

PRINCIPIO DE VIDA 2

Obedezcamos a Dios y dejemos las consecuencias en sus manos.

La obediencia puede resultar difícil, sobre todo cuando nos sentimos tentados a creer que siendo obedientes vamos a perder más de lo que podemos ganar. Sin embargo, obedecer a Dios es esencial para agradarle, no sólo en los momentos de tentación sino en todo momento.

Cuando Dios nos manda obedecerle, está dándonos un principio por el cual debemos vivir. También está poniendo una armadura alrededor de nuestras vidas que forma una valla de protección del mal.

¿Puede usted recordar la última vez que tuvo la tentación de hacer lo contrario a lo que sabía que Dios deseaba que hiciera? Lo más probable es que hubo una lucha en su corazón. Surgieron las preguntas:¿Tendré que pagar un precio más alto por obedecerle que por desobedecerle? ¿Puedo experimentar más felicidad cometiendo este pecado, en vez de obedecer a Dios?

OBEDECER A DIOS ES ESENCIAL PARA AGRADARLE.

Cuando elegimos obedecer a Dios, escogemos el camino de la sabiduría. Sus promesas de bendición por la obediencia sobrepasan ampliamente todas las posibles consecuencias. El Señor nos pide que nos sometamos a Él, y que dejemos todo lo que suceda a su amoroso cuidado.

A medida que crecemos en nuestro caminar con el Señor, la obediencia se convierte en la avenida a través de la cual lo conocemos mejor. Cuando le obedecemos, el Señor nos acerca más a Él y nos enseña más acerca de sus preceptos y de su amor.

La desobediencia envía un mensaje al Señor con el que declaramos que sabemos más que Él en lo que se refiere a nuestras vidas y a las circunstancias que las rodean.

Dios nos ama y está comprometido con nosotros. Nos manda obedecer, no porque sea un tirano, sino porque conoce las terribles consecuencias de la desobediencia y el pecado en nuestras vidas.

Sin embargo, Satanás tiene otro propósito en mente. Procura tentar a los creyentes para que desobedezcan a Dios, diciéndoles que no se puede confiar en las promesas de Él, y que podemos disfrutar más de la vida si ignoramos sus mandamientos.

Recuerde que la desobediencia siempre tiene repercusiones terribles: sentimientos de culpa, de vergüenza y de inutilidad; vidas destrozadas, matrimonios destruidos y amargas disputas, entre otras. Aunque el pecado jamás podrá cambiar el amor eterno que Dios les tiene a sus hijos, sí interrumpe nuestra comunión con el, Salvador y nos aleja de sus bendiciones. En tiempos de desobediencia nos debilitamos espiritualmente, y no podemos distinguir el bien del mal. Caemos cada vez más en las garras del pecado, y nos resulta imposible apartarnos por nosotros mismos de nuestra pecaminosidad.

LA DESOBEDIENCIA SIEMPRE TIENE REPERCUSIONES TERRIBLES.

Al poner en práctica los siguientes principios para nuestras vidas, comenzaremos a obedecer a Dios con determinación y con gozo, sabiendo que Él cumplirá todas sus promesas:

  • Confíele a Dios su vida y todas sus preocupaciones.

Usted no podrá equivocarse si pone su esperanza y su confianza en Dios. Él le creó y le ama con amor eterno. Por tanto, Él siempre le guiará de la mejor manera posible.

  • Espere en el Señor la respuesta a su problema o situación.

Cuando tenga dudas, niéguese a dar un paso más, a menos que sepa que Dios le está guiando.

  • Medite en la Palabra de Dios.

Cuando usted satura su mente con la Palabra de Dios, sabe qué piensa el Señor. Cuando venga una tentación, usted sabrá distinguir el bien del mal, y sabrá actuar de la manera correcta.

  • Escuche al Espíritu Santo.

Dios sigue hablando hoy a su pueblo. Nos habla a través de su Palabra, del Espíritu Santo, y por medio de las palabras de un pastor o de un amigo cristiano de confianza. Nos volvemos sensibles al Espíritu de Dios cuando pasamos tiempo con Él, orando y estudiando los preceptos de la Biblia.

  • Esté dispuesto a esperar o a apartarse cuando el camino frente a usted no esté claro.

Si usted desea agradar a Dios más que a todos los demás, la obediencia a Él requiere que se mantenga firme. Si no siente una guía clara en su situación, pídale a Dios que confirme su voluntad para usted en su Palabra. Él nunca contradecirá las Escrituras. Su voluntad para su vida siempre encaja perfectamente con lo que dice la Biblia.

  • Esté dispuesto a tener luchas.

Cuando la nación Israel entró en la tierra prometida bajo la dirección de Dios, tuvo que enfrentar la oposición enemiga. Dios rara vez nos deja sin problemas y conflictos. Si lo hiciera, no tendríamos ninguna razón para depender de Él. Dios permite la dificultad suficiente para que siempre acudamos a Él.

  • Deje las consecuencias a Dios.

La obediencia no será fácil; usted recibirá críticas de los demás, o enfrentará fuertes obstáculos y oposición, pero esto le pondrá en una posición favorable delante de Dios. Él se ocupará de todo lo que tenga que ver con usted; por tanto, manténgase en el camino de la obediencia, y deje lo demás a Él.

PRINCIPIO DE VIDA 3

La Palabra de Dios es ancla inconmovible en las tormentas.

Las palabras del rey Darío resonaban en la mente de Daniel mientras sus servidores lo bajaban al foso de los leones. «El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre» (Dn 6.16). Los encargados pusieron entonces una pesada piedra sobre la entrada al recinto subterráneo.

Aun después de evaluar la gravedad de su situación, Daniel no vaciló en su fe. La mañana siguiente el rey Darío encontró a Daniel ileso y proclamando: «Oh rey, vive para siempre. Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño» (vv. 21, 22).

¿Cómo sobrevivió Daniel? ¿No tenían hambre los leones? Los historiadores cuentan que a los animales usados para ese tipo de ejecuciones se les dejaba varios días sin alimentar, para asegurarse de la muerte de los acusados. Pero la suerte de Daniel nunca estuvo en manos de los hombres. Su vida pertenecía a Dios, y ahí radica la victoria. Daniel sobrevivió por poner su confianza en Dios, y su fe en las promesas divinas.

LAS PROMESAS DE DIOS SON ESENCIALES PARA NUESTRO bIENESTAR ESPIRITUAL.

Cada uno de nosotros puede recordar ocasiones en las que deseamos haber tenido una palabra certera de parte de Dios, algo a qué aferrarnos para cuando surgieran las dudas y el temor. Dios sabe cuándo necesitamos ánimo, guía y esperanza. Es por eso que nos ha dado promesas concretas en su Palabra, para que podamos entender su naturaleza y confiar en Él. En los momentos emocionalmente devastadores, las promesas de Dios son esenciales para nuestro bienestar espiritual.

La Palabra de Dios es, por consiguiente, una brújula, una guía y un libro de instrucciones para la vida. Así como usamos manuales de instrucciones en el trabajo o en la cocina, también debemos usar la Palabra de Dios como nuestra fuente de sabiduría y verdad. A nadie se le ocurriría hacer un pastel sin una receta, y ningún mecánico montaría un motor sin un manual.

Algunas de las promesas de Dios son condicionales (véase «¿Cómo puedo reclamar las promesas de Dios?», cerca de He 10.23), pero podemos tener fe en todas ellas. Sin embargo, no se trata de nombrar y reclamar una promesa; las promesas deben estar acompañadas de oración y de un ardiente deseo de conocer la voluntad de Dios para nuestras vidas. Aunque Dios quiere que todos experimentemos lo mejor de Él, también desea que conozcamos y disfrutemos su presencia de un modo personal que exprese su suficiencia de la mejor manera posible. Reclamar una promesa sin la guía de su Espíritu Santo nos conducirá a desengaños, desilusiones y frustraciones.

A veces, Dios trae un pasaje específico a nuestra mente que da esperanza y certeza a nuestros corazones. En otros momentos, nos motiva a orar y buscar su sabiduría en un asunto específico. Si acudimos a Dios con fe, Él nos guiará de acuerdo con su voluntad. Esto, por supuesto, no sucederá de la noche a la mañana. Muchas veces, Dios quiere que meditemos sobre cierto pasaje bíblico durante cierto tiempo antes de darnos su dirección.

DIOS NO QUIERE QUE NOS INVOLUCREMOS EN NADA QUE CONTRADIGA LAS ESCRITURAS.

Cuando el rey David buscó el corazón de Dios en cuanto a su deseo de construir el templo, la Biblia dice: «Y entró el rey David y se puso delante de Jehová» (2 S 7.18).

David no ordenó a sus hombres que comenzaran la construcción. Esperó la dirección de Dios, e hizo bien, porque el Señor quería que fuera Salomón, el hijo de David, quien hiciera el trabajo.

Pero Dios honró la actitud de David y le dio una promesa maravillosa: «Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente» (2 S 7.16). Dios siempre honra nuestro deseo de buscar su dirección y sabiduría. Si venimos a Dios esperando su respuesta, Él nunca nos decepcionará.

En el tiempo de Daniel, Dios hablaba por medio de visiones, sueños y, a veces, audiblemente. Hoy habla principalmente por medio de su Palabra, porque no quiere que nos involucremos en nada que contradiga las Escrituras. Cualquier versículo puede ser sacado de contexto y tergiversado. Pero si somos fieles a la Palabra de Dios y la interpretamos en su contexto, sabremos aplicar los preceptos y las promesas del Señor a nuestras vidas, y encontrar fortaleza para aferrarnos al Señor en las situaciones más difíciles. En vez de ser lanzados emocionalmente de un lado a otro, aprendemos a permanecer firmes en nuestra devoción y confianza en Cristo.

Por tanto, considere las promesas de Dios sus anclas espirituales. Una vez que aprenda a seguirle, siga su dirección dondequiera que Él le dirija, porque el Señor nunca deja de cumplir sus promesas. Más bien, le está enseñando a depender de Él por medio de la meditación en su Palabra y la atención a su voz.

¿Esta usted dispuesto a esperar pacientemente que Él cumpla todo lo que le ha prometido, y a que le rescate como lo hizo con Daniel? Nunca trate de imponerle su tiempo a Dios. Por el contrario, aférrese a Él, ancle su corazón a su Palabra, y déjele espacio para que lo haga todo de acuerdo con su plan y en su tiempo. Usted se alegrará de haberlo hecho.

 

PRINCIPIO DE VIDA 4

Estar conscientes de la presencia de Dios nos da energías para desempeñar nuestro trabajo.

¿Cómo puede usted sacarle el mayor provecho a su trabajo? He aquí tres sugerencias:

  1. Véase como un siervo.

Jesús vino al mundo, no para ser servido sino para servir, y nos mandó que tuviéramos esa misma actitud: 25 Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad.

26 Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor,

27 y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo;

28 como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

 

 (Mt 20.25-28). Pablo escribió: «Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios» (Col 3.22).

Si Pablo dijo a los esclavos que hicieran su trabajo terrenal de todo corazón (y ellos no recibían ningún salario), entonces, ¿qué decir de nosotros que sí somos remunerados? Usted pudiera decir: «Bueno, no me pagan lo suficiente». De acuerdo, puede que no le paguen lo suficiente, pero prolongar el tiempo del almuerzo, salir antes de tiempo o llegar tarde no son el modo de compensar la situación. Si le pagan por ocho horas, tiene que trabajar ocho horas completas. ¿Por qué? Porque usted es un siervo de Dios y, como representante de Él, tiene la responsabilidad de hacer un buen trabajo.

COMO REPRESENTANTE DE ÉL, USTED TIENE LA RESPONSABILIDADDE HACER UN BUEN TRABAJO.

Además, la mejor manera de ascender en el trabajo es mediante el servicio. Quien desee ser un líder tendrá que adoptar una actitud de humildad.

 35 Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos. (Mr 9.35).

A un empleado orgulloso rara vez se le considera para un ascenso. Por el contrario, es al trabajador íntegro y aplicado en su trabajo al que los empleadores ven como un líder potencial. Nunca dude del efecto que tiene su actitud sobre los que le rodean, ¡incluido el jefe!

Pero, ¿quién es su verdadero empleador? Esto nos lleva a nuestra segunda sugerencia.

  1. Dese cuenta que usted trabaja para el Señor mismo.

Su empleador ejerce una autoridad de supervisión sobre usted, pero Jesucristo es su Señor. Usted trabaja para Él: «Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres» (Col 3.23).

Si usted es cristiano, Jesucristo es el supervisor en su puesto de trabajo, y Él no le está observando de lejos, sino que está allí mismo con usted. Usted y yo tenemos que realizar nuestro trabajo del día independientemente de si pensamos que el empleador no es justo, porque en última instancia es Jesucristo a quien servimos, y Él siempre está en el lugar de trabajo. Usted y yo debemos hacer nuestro trabajo lo mejor que podamos, porque el Espíritu Santo está presente, preparándonos y dándonos energías.

Cometemos un error terrible cuando segmentamos la vida. Podemos pensar que de lunes a viernes vamos a trabajar, el sábado es para divertirnos, y el domingo para adorar a Dios. Pero Dios no ha planeado la vida de esa manera. Si Jesucristo es nuestro Salvador, no podemos excluirlo de ningún aspecto de la vida. No está bien enseñar una clase de escuela dominical con todo nuestro empeño, y ser negligentes en el trabajo el resto de la semana; tenemos que honrar y glorificar al Señor en todo lo que hacemos. Cuando nos consagramos de todo corazón a Jesús. 24 Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. (Mt 6.24), se elimina la tentación de hacer nuestro trabajo sólo para ser vistos por los hombres.

DIOS HARÁ MUCHO MÁS QUE IGUALAR TODAS LAS COSAS EN EL JUICIO.

¿Estoy diciendo con esto que su trabajo diario es también un trabajo para el Señor? ¡Sí! Ministerio no es sólo lo que usted hace en la iglesia. Usted adora a Dios cada día de la semana —el domingo lo hace en la iglesia; y de lunes a viernes demuestra su devoción a Él haciendo un buen trabajo. Su elevado estatus como hijo de Dios dignifica su trabajo, y su oficina o lugar de empleo tiene que ser mejor porque usted está allí.

Usted le sirve al Señor Jesucristo (Col 3.24) 24 sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.

. ¿Tiene un buen testimonio que ofrecerle en su trabajo? ¿Es usted uno de los empleados más fieles, porque sirve a Dios? ¿Refleja su actitud el gozo que tiene al considerarlo a Él el verdadero jefe?

  1. Dese cuenta que tiene un salario aquí y una recompensa en el cielo.

Pablo escribió: «Sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia» (Col 3.24). Por supuesto, en el presente tiene que recibir un salario para cubrir los gastos de su familia. Pero si ha hecho lo mejor que ha podido y entregado lo mejor de sí, nunca le pagarán realmente todo lo que merece. Lo maravilloso que debe recordar es esto: es posible que aquí no le paguen lo suficiente, pero usted recibirá una recompensa incalculable en el cielo.  Dios hará mucho más que igualar todas las cosas en el Juicio.

11 Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.

12 Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca,

13 la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará.

14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa.

15 Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.      (1 Co 3.11-15)

Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios;

10 no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo. (2 Co 5.9, 10)

sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres,

sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor, sea siervo o sea libre.  Ef 6.7, 8), Él sin duda, le recompensará de manera justa.

¿Se ve usted a sí mismo como un siervo de Dios? ¿Lo considera a Él su verdadero Jefe, y trabaja de una manera que honra al Señor, sin importar lo ordinario o aburrido que pueda parecer su trabajo? ¿Se ha dado cuenta que por la fiel labor realizada en el presente le espera una enorme recompensa en el futuro? Si es así, le está sacando el máximo provecho a su trabajo.

 

PRINCIPIO DE VIDA 5

Dios no nos demanda que entendamos su voluntad, sino que la obedezcamos aunque nos parezca poco razonable.

¿Se ha llegado alguna vez a preguntar por qué Dios no contesta sus oraciones, o por qué, a pesar de sus mejores esfuerzos, ciertos asuntos en su vida siguen sin resolverse? La respuesta podría estar en su nivel de obediencia a Dios. Tal vez Dios quiere que usted se detenga, confíe en Él, y esté atento a su señal para proceder.

Toda área de desobediencia en su vida tiene que ser tratada. El pecado nos impide experimentar lo mejor de Dios para nosotros. Quizá Dios le haya pedido algo, y usted ha optado por ignorar sus instrucciones o apenas cumplió en parte lo requerido por Él. La obediencia verdadera significa hacer lo que Él dice, cuando lo dice, como Él dice que debería ser hecho y todas las veces que así lo requiera, sin importar que usted entienda o no las razones para ello, hasta que haya cumplido del todo con su mandato.

USTED DEBE CONVERTIR SU OBEDIENCIA A DIOS EN LA MAYOR PRIORIDAD DE SU VIDA.

Antes que haga una lista de todo lo que Dios le ha pedido hacer o dejar de hacer, considere lo siguiente: ¿Hay un área particular de su vida en que le resulte difícil obedecer al Señor? Cada vez que lee la Biblia, ¿trae Dios a su mente algún pecado específico? Cuando acude a Él en oración, ¿sale a flote el mismo problema? Si el Señor ha traído algo a su mente ahora mismo, es posible que haya vivido muchos años en la misma situación precaria porque usted, en algún momento, decidió hacer las cosas a su manera y no como Dios manda.

Seguir la voluntad de Dios y no la suya puede cambiar su vida por completo. Por esta razón, usted debe convertir la obediencia en su mayor prioridad. Para lograrlo, necesita entender por qué la sumisión juega un papel tan importante en su relación con Dios.

Noé es un ejemplo bíblico excelente que ilustra este principio. Fue un hombre que obedeció a Dios, incluso cuando le pareciera ilógico algo que el Señor pidiera. Dios lo llamó a construir un arca enorme, algo tan inverosímil como descabellado en aquel tiempo, y Noé acató su directiva sin preguntar la razón (Gn 6–9)..

 

EL ESPÍRITU SANTO ES QUIEN LE CAPACITA PARA ANDAR EN OBEDIENCIA DELANTE DEL SEÑOR.

¿Acaso siempre será popular obedecer a Dios? No. ¿Será usted objeto de críticas? Es muy probable. ¿Opinarán algunos que sus acciones son ridículas? Sin duda. ¿Se van a burlar de usted? Seguro que sí. Ahora piense en esto: Noé decidió andar con Dios en medio de una sociedad corrupta. De hecho, la maldad era tal que Dios decidió raer de la faz de la tierra a todos los seres humanos a excepción de una sola familia, la de Noé. Trate de imaginar los insultos proferidos por los impíos contra Noé, cada vez que lo veían inmerso en su misión. Pero tan pronto cayeron las primeras gotas de lluvia, todas las afrentas cesaron.

Noé obedeció a Dios sin importarle qué pensaran de él los demás, y el Señor lo libró del gran diluvio que cubrió la tierra. Si hubiese hecho caso a sus críticos, no habría construido el arca y habría sido destruido junto a los demás. En lugar de eso, optó por obedecer a Dios sin dejarse enredar por sus propias dudas.

Cuando elegimos el sendero de la obediencia, debemos prepararnos para las reacciones negativas que seguramente recibiremos, sabiendo que Dios tiene una razón excelente para su mandato y que nos ayudará de forma extraordinaria. Nunca nos enfoquemos en situaciones o personas que traten de distraernos de cumplir la voluntad de Dios. El Espíritu Santo nos capacita para obedecer todos y cada uno de los mandamientos de Dios, y siempre nos dirige de la mejor manera posible. Por lo tanto, sin importar qué requiera de nosotros —bien sea doloroso o gozoso, beneficioso o cuantioso, razonable o paradójico— nuestro Padre celestial nos dará la capacidad y fortaleza para serle fiel, sin importar qué piensen los demás ni la dificultad aparente de la situación.

La obediencia debe ser una prioridad en la vida de todo creyente. Es la única manera en que usted llegará a ser la persona que Dios quiere que sea, y el único método para acceder a todas las maravillas que Él le tiene preparadas. El Espíritu Santo es quien le capacita para andar en obediencia delante del Señor, en el poder de su fuerza.

Decídase a obedecer a Dios, así no entienda por qué le pide hacer algo. Crea que sus instrucciones son para su propio bien.

 11 Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. (Jer 29.11).

Así es como podrá convertirse en la persona que Él quiere que usted sea, hacer la obra que anhela de usted, llevar el fruto que le capacite para llevar, y recibir todas las bendiciones que ha preparado para usted.

PRÓXIMO TALLER

30 Principios  de Vida (del 6 al 10)

Sábado 19 de Abril , 20:00 Iglesia Evangélica 

             Calle Conde Barcelona 20 , Palma de Mallorca